Allen Ginsberg: Apuntes sobre su vida

Militante de las libertades civiles, experimentado catador de drogas, homosexual declarado, pionero en la difusión de religiones orientales, Allen Ginsberg (1926-1997) formó parte, junto a Jack Kerouac y William Burroughs, de la Santísima Trinidad de la Generación Beat, el movimiento que inyectó libertad a los Estados Unidos de la postguerra. Su obra más famosa, “Aullido”, un largo poema con el que sacudió las mentes de una época atenazada por el fantasma nuclear y el conservadurismo, se alzó como la voz de su generación, inoculó el jazz en la poesía, anticipó el grito eléctrico del rock, dio a luz al ansia de libertad del hippismo y se convirtió en el heredero indiscutido de Walt Whitman, el primer gran poeta americano.

(Allen es el de anteojitos y barba)

Allen Ginsberg (1926-1997), poeta yanqui nacido en Newark, Nueva Jersey. Portavoz de la Beat Generation de los años cincuenta, cantor de la América underground y voz de vagabundos y marginados, su libro Aullido (1956) constituye una crítica furiosa contra las falsas esperanzas y rotas promesas de la historia de su país. Otros libros de poesía son Kaddish (1961), Sandwiches de realidad (1963), Noticias del planeta (1968) y Sudario blanco (1987). Sus Cartas del Yagué (1963) interrelacionadas con TV baby poems (1967) expresan con un lirismo casi místico sus sentimientos anarquistas y nacionalistas. Tuvo una participación activa en los grupos que se opusieron a la guerra en Vietnam, se asoció al Movimiento por los Derechos Civiles y dio su apoyo a todas las organizaciones defensoras de la libertad de expresión. Es reconocido además como uno de los padres espirituales del Flower Power y del hippismo, movimientos sociales que se extendieron por el mundo entero. Las minorías étnicas, sexuales y religiosas hallaron en él una voz solidaria dispuesta a hacer del compromiso una razón de vida. Fue arrestado en varias ocasiones por encabezar marchas de protesta de toda índole.

Recibió premios, honores, becas, pero también fue una de las fuentes de mayor energía imaginativa de esa comunidad de mentes lúcidas conformada por los beats y el administrador de lo que muchos en tono burlón bautizaron como la Empresa Allen Ginsberg (“Allen Ginsberg Industries”), que consistía en una oficina en Nueva York financiada por él desde la cual emitía sus ‘mensajes’, pero que también funcionó como una bolsa de trabajo para muchos poetas con dificultades económicas.

EL SABOR DE LA ETERNIDAD

Por Miguel Grinberg

Además de ser uno de los grandes poemas épicos del siglo XX, Aullido constituye un testimonio emblemático de la resistencia juvenil contra la prepotencia imperial de todos los tiempos. En 1955, a los 29 años, cuando Irwin Allen Ginsberg leyó por primera vez en público (en verdad, ante sus pares de la generación beat y algunos pintores californianos) los versos ya definidos de ese extenso trabajo en vía de consumación, todos sintieron en San Francisco que estaban ante la pieza fundamental de un Renacimiento literario.

La potencia descomunal de su alegato socio-contracultural apuntaba al poder tiránico del sistema militar-capitalista que el poeta equiparaba con Moloch, antigua deidad de los amonitas y los fenicios en cuyo honor los padres sacrificaban a sus hijos. Al año siguiente, la publicación del poemario, que además incluía otras piezas legendarias como Sutra del girasol y América, convertiría a Ginsberg en una irresistible personalidad internacional. A tal punto que, durante su paso por Praga el 1º de mayo de 1965, la juventud checoslovaca lo paseó sobre una carroza por las avenidas principales de esa capital, después de haberlo proclamado “Rey de Mayo”, como acto de resistencia contra el stalinismo imperante. Entre los jóvenes universitarios de entonces estaba Vaclav Havel, estudiante de la Facultad de Economía y futuro dramaturgo, quien en 1991, a la hora de la emancipación nacional, sería presidente de su país.

Antes que un libro, Aullido era un humilde folleto de 44 páginas prologado por un veterano y magno poeta de Paterson (Nueva Jersey), donde Ginsberg había nacido. Al aparecer la 24ª edición estadounidense (1971) ya se habían impreso 258 mil copias. Desde la inicial, el opúsculo estaba dedicado a sus tres mayores compinches generacionales: Jack Kerouac, a quien definía como “nuevo Buda de la prosa estadounidense”; William S. Burroughs y Neal Cassady. Y por el camino, claro está, el poema principal se tradujo en el mundo entero, y así Ginsberg estableció lazos de amistad con jóvenes poetas de todas partes, desde América latina (asistió en 1960 al Congreso Internacional de Escritores en Chile) hasta la Unión Soviética (en particular, los poetas rebeldes Evgueni Evtuchenko y Andrei Vosnezenski).

¿Por qué tanta trascendencia? Pues porque Aullido se refería a una tribu predominantemente norteamericana, pero con equivalencia en todas las latitudes: los jóvenes sofocados por el militarismo y las dictaduras, los artistas incomprendidos, los místicos, los locos, los gays, los amigos reventados, los perdidos en epopeyas alucinógenas, los inmolados en guerras imperiales, los maniáticos sexuales, los anarquistas, los pacifistas, los santos y otros sobrevivientes de lo que el maestro Henry Miller denominó “la pesadilla con aire acondicionado”.

El título completo de este poema cuyo núcleo no cesa de arder es Aullido por Carl Solomon. Un demente fuera de serie al que conoció durante una visita al manicomio Rockland de Nueva York, mientras visitaba a su madre allí internada (trágica heroína de otro poemario posterior todavía más descomunal: Kaddish por Naomi Ginsberg). Emergiendo de un electroshock, Solomon vio a Ginsberg sentado en un banco y le gritó: “¡Soy Kirilov!”. El poeta le respondió: “¡Soy Mishkin!”. Y ambos se trenzaron a debatir las instancias sutiles de Los poseídos de Dostoievski. Obviamente se hicieron muy amigos, y la inteligencia descomunal de Solomon detonó luego el tono elegíaco de Aullido. En pos de una esquiva conexión celestial.

 

Desafío absoluto

Allen se crió en Paterson, New Jersey; fue el segundo hijo de una padre socialista que enseñaba en la escuela pública y una madre comunista, nacida en Rusia, que escapó del terror cosaco en 1905. De niño, su mamá, a quien le hicieron una lobotomía en un manicomio, donde murió, lo llevaba a reuniones del Partido Comunista. Allen decía que el compromiso político de su madre lo estimuló a estudiar derecho en la Universidad Columbia. Ahí conoció y se hizo amigo de Jack Kerouac, William Burroughs y otros, y fue cuando decidió “dejar de hablar con un cráneo hueco” y dedicarse a la vocación de poeta. Allen fue expulsado de la universidad porque un administrador sospechó que tenía una relación homosexual con Jack Kerouac.

En una ocasión Allen intentó seguir una carrera “normal”: consiguió un trabajo en una agencia de publicidad y emprendió una campaña para vender el dentífrico Ipana. Pero de inmediato abandonó ese mundo como alma que lleva el diablo.

La esencia de su vida era desafiar a la autoridad y hacer pedazos lo convencional. Le encantaba retar y burlarse del sistema. Una vez le pidieron describir sus creencias políticas y él contestó con dos palabras: desafío absoluto. En el otoño de 1955, cuando leyó “Aullido” por primera vez en el Six Gallery de San Francisco, electrizó a todos los presentes. A él le sorprendió mucho que ese poema, que no pensaba publicar, pasara a ser el toque de clarín que puso en marcha a la juventud rebelde de todo el país. Al gobierno le dio un patatús: le echó la policía encima a Ferlinghetti por publicarlo y venderlo, y lo llevó a juicio por obscenidad. Cuando ganó en el juicio, “Aullido”, que celebraba la enajenación, la rebelión, la sexualidad y el amor, recorrió el país uniendo a los rebeldes.

Los poetas reconocidos también detestaban a “Aullido” y a Allen. Su poema, que rompió toda convención, y las ideas que propuso sobre la poesía, cambiaron la poesía para siempre. Allen descartó todas las reglas sobre metro y ritmo, y dijo con mucha alegría que el ingrediente más importante de la poesía era la sinceridad, que un fragmento de pensamiento podía ser una estrofa y que la experiencia de cualquiera podía ser un poema. Dijo que el ritmo y el metro podían ser la lengua de la calle o las notas de un saxofón; que la vida de cualquier ser humano podía ser la “materia” de la poesía. Allen ayudó a sacar a la poesía de las aulas académicas para que todo mundo disfrutara de ella, no solo leyéndola y escuchándola, sino escribiéndola. De repente, la poesía pasó a ser un medio por el cual las masas podían expresar sus ideas sobre la vida. Y la poesía llegó a ser una parte importante del movimiento.

Después de la publicación de “Aullido”, Ginsberg se volvió más desafiante. No hubo movimiento importante de oposición del que no fuera parte. Combatió el racismo a muerte y trabajó con poetas negros (como Amiri Baraka y Bob Kaufmann) y músicos de jazz (como Charles Mingus, Elvin Jones, Don Cherry y Thelonius Monk) para unir a blancos y negros. Luchó por los derechos civiles y cuando empezó la guerra de Vietnam organizó protestas y un movimiento en contra. En 1968 fue arrestado en Chicago durante la convención del Partido Demócrata. El 1º de Mayo de 1970, le rociaron gas lacrimógeno en una protesta convocada en Yale por el Partido Pantera Negra. Su arte alcanzó proporciones legendarias por atacar el militarismo yanqui, el materialismo craso, la violación de países oprimidos, el racismo, la discriminación y las ideas convencionales de toda clase. Asumió el papel de dirigente de la rebelión juvenil de los años 60 y de su cultura, y desafió con gusto y audacia los valores tradicionales familiares y todo lo que era sagrado para el American way of life. Muchas importantes personalidades del mundo cultural de ese entonces, como Bob Dylan, Ken Kesey, Andy Warhol, John Lennon, Yoko Ono, Charles Mingus, Abbie Hoffman y muchos otros, trabajaron con él y fueron influenciados por su trabajo y activismo político.

Lucha contra el sistema

El reflujo de la década de los 60 no menguó a Allen. Empezó a recibir elogios y reconocimiento, pero eso no lo llevó a la “normalidad”. Lo nombraron miembro de la Academia Americana de Poetas y del Instituto de Artes y Letras. En 1973 obtuvo el Premio Nacional del Libro por su libro The Fall of America: Poems of These States, 1965 to 1971, y fue finalista del premio Pulitzer en 1995 por su libro Cosmopolitan Greetings: Poems 1986-1992. Escribió poemas que desenmascararon y condenaron las atrocidades que cometía el imperialismo yanqui aquí y por todo el mundo: escribió sobre el sha de Irán y participó en protestas contra él; escribió sobre los crímenes de Estados Unidos en Centroamérica; condenó la energía nuclear; atacó a la guerra contra la droga por ser en realidad una guerra contra el pueblo con características fascistas; denunció el papel de la CIA en el narcotráfico, primero en el sudeste asiático y después la conexión entre la contra y la coca. Lo hizo en poemas como “CIA Dope Calypso” (1972), “NSA Dope Calypso” (1990), y terminó la trilogía de los calipsos en 1991 con “Just Say Yes Calypso”, una devastadora condena de la guerra del Golfo que termina así: “Cuando ondeen una cinta amarilla y una bandera aceitosa/ Di sí o te acusarán de maricón”.

Por su activismo poético y político, el director del FBI, J. Edgar Hoover, lo consideró un enemigo de la seguridad interna. En 1965 dijo que Allen era un peligro para el presidente de la nación. Según él, Ginsberg era “potencialmente peligroso” y un “subversivo” que ha “demostrado inestabilidad emocional (por ejemplo residencia e historial de trabajo inestables) y comportamiento irracional y suicida”. También lo acusó de haber manifestado “fuertes y violentos sentimientos contra Estados Unidos”, y de “una inclinación violenta y antipatía hacia el orden social y el gobierno”. No importaba que Allen era budista y que el pacifismo era un importante aspecto de su vida. Muchas veces le tendieron trampas para arrestarlo por cosas de droga. Allen les contaba a sus amigos que en la casa tenía una pila de un metro de documentos del FBI sobre él. Hasta los primeros años de la administración Reagan, Allen estaba entre las personas que la Agencia Estadounidense de Información consideraba “inadecuadas” para desempeñar funciones como voceros del gobierno en el extranjero. Es un mérito de Allen que siempre que contaba de la persecución de la que era víctima, decía que la persecución de artistas y activistas negros era peor.

Es difícil seleccionar una obra de Allen que ponga al desnudo la esencia de su labor poética. Hay mucho de qué escoger. Fue un artista prolífico; publicó por lo menos 16 colecciones de poesía y una cantidad similar de prosa, dos libros de fotografía y por lo menos media docena de grabaciones con diversos músicos. Desde 1977, Allen trabajó con Bob Dylan y el Rolling Thunder Revue, el Clash en el álbum Combat Rock, Patti Smith, Sonic Youth, Kronos Quartet, Philip Glass, Beck y U2, entre otros.

Luego de oír la noticia de su muerte me puse a leer sus poemas por un par de horas. La lectura me hizo recordar muchas cosas y suscitó nuevos pensamientos e ideas. También me hizo recordar que a pesar de lo mucho que me gustaba su poesía, contenía cosas que como comunista revolucionario me inquietaban. Incluso en sus mejores obras, obras que criticaban acerbamente al imperialismo estadounidense, Allen daba latigazos anticomunistas, a veces contra líderes revolucionarios como Stalin y Mao. Y en los últimos años dijo en varias entrevistas que empezaba a creer que las protestas y manifestaciones en las que participó fueron en vano porque el pueblo seguía sufriendo, aunque de otra forma. Es cierto que el pueblo de Vietnam y de Irán todavía no han logrado su liberación, pero eso no quiere decir que las luchas contra el imperialismo estadounidense fueron en vano. Cuando leía esas cosas, me daban ganas de preguntarle qué hubiera sido de los pueblos vietnamita e iraní, o del de este país, si no hubieran luchado contra sus opresores.

Allen tenía mil contradicciones. Al mismo tiempo que pregonaba anticomunismo o ponía en tela de juicio la eficacia de las luchas del pasado, seguía sirviendo al pueblo con su voz y el poder de sus palabras. Odiaba al imperialismo yanqui y todo el sufrimiento que causa por todo el mundo. El problema es que no comprendió a fondo la naturaleza del imperialismo y por tanto no veía cómo eliminarlo ni cómo liberar al pueblo. Para él, el camino era asegurar que todo individuo tuviera libertad absoluta para expresarse de cualquier manera que fuera en todo, de la sexualidad o la política. Hasta cierto punto, yo estaba de acuerdo con Allen porque se oponía a la censura, a “la policía del dormitorio”, la quema de libros y la supresión del pueblo por sus creencias y manera de expresarse. Pero para mí, esa meta de libertad individual no es suficientemente radical y no puede ser la base para forjar una nueva sociedad libre de opresión. Muchas veces me he preguntado qué hubiera dicho Allen si en realidad hubiera comprendido lo que ocurría durante la Revolución Cultural en China, donde se movilizó a los artistas, poetas y escritores para crear arte, no solo ni simplemente para ellos mismos, sino para contribuir a la edificación de una sociedad socialista.

Aullido para una nueva generación

A fines de la década pasada, Allen enseñó en la Universidad Columbia y a principios de esta en el Brooklyn College. Indudablemente, el sistema esperaba que en el invierno de su vida se calmara y se tranquilizara. Sin embargo, siguió arremetiendo contra el sistema y todo lo que representa. Sus últimas obras atacaron la política de crueldad, la guerra contra los pobres y las mentiras e hipocresía de la clase dominante. Trabajó con Ed Sanders para agregarle nuevos versos al himno tradicional religioso “Amazing Grace” sobre la situación de los sin techo. Allen sabía a ciencia cierta que los mandamases de este país son “gente que se dice cristiana pero que odia a los pobres” y que demuestran una “inteligencia satánica” para atacar a los pobres. A principios de 1995, Allen escribió una potente respuesta a Newt Gingrich y el Contrato con América de los republicanos. El poema, titulado “Balada de esqueletos”, contiene las siguientes estrofas: “Dijo el esqueleto militar/Compra bombas estrellas/Dijo el esqueleto de clase alta/Mata de hambre a madres solteras/Dijo el esqueleto subdesarrollado/Envíame arroz/Dijo el esqueleto de las naciones desarrolladas/Vende tus huesos para hacer dados”. Luego grabó la “Balada de los esqueletos” con Philip Glass y Paul McCartney, y recorrió el mundo. El director de cine Gus Van Sant hizo una poderosa grabación de la obra que estuvo entre los videos favoritos de MTV y que después se presentó en el Festival de Cine Sundance.

Allen nunca dejó de hacer llegar sus rayos de luz a nuevas generaciones de rebeldes. En una entrevista reciente le preguntaron qué haría si hoy, en esta época oscurantista, tuviera 20 años. Allen respondió, sin vacilar, que le encantaría escribir un “Aullido II” sobre el presente. Dijo que ojalá algo bueno resultara de la situación actual en el sentido de refrenar “el poder de Estados Unidos para joder al mundo”. También dijo que habría que salvar el “alma de la nación”, y que para eso sería necesario incluir en el poema una lista de los pecados cometidos por Estados Unidos aquí y por todo el mundo, como derrocamientos de gobiernos, invasiones, guerras, la masacre de indígenas, la esclavitud y continua opresión de los negros. Y concluyó: “El gobierno es manipulador y lleno de hipócritas que huyen de los verdaderos problemas de la ecología, la sobrepoblación, el sufrimiento de las clases bajas, la bancarrota del sistema médico, la gente sin techo, la desnutrición, la división entre las razas y la cuestión de la droga. Con toda la demagogia (de Bill Clinton y especialmente de Janet Reno) y confusión, la poesía se destaca como el único faro de la razón: un faro de claridad individual y lucidez en toda dirección, ya sea en la Internet, cafés, simposios o aulas universitarias. La poesía, y su vieja compañera la música, es un medio de comunicación que no controla el establishment”.

Los que estuvieron al lado de Allen antes de morir, dicen que escribió poemas febrilmente hasta el derrame cerebral que lo llevó al coma. Quién sabe, tal vez las viejas o nuevas palabras de Allen se enrosquen algún día, ojalá pronto, en un cerebro joven y quizás nazca un “Aullido II” o algo mejor. Mientras tanto, es hora de despedirme de Allen. Parte sabiendo que el pueblo te quiso y que sin duda te extrañará. De parte mía, gracias por los concejos, la inspiración, la celebración y por toda esa cheverísima poesía que serpentea por mi cerebro y me fortalece.

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Fuente: http://www.laespiadelsur.com


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