Para terminar con el juicio de Dios (Artaud)

Hay que saber que durante 9 años, entre 1937 y 1946 Antonin Artaud permaneció encerrado en hospitales psiquiátricos de forma ininterrumpida, al margen de otros internamientos previos, allí fue duramente “tratado” a base de electroshoks y otros métodos que físicamente le deterioraron hasta el punto que cuando le soltaron parecía un anciano; 9 años que pueden corresponder a 40 años en el transcurso de la vida “normal “de cualquier persona hoy en día, con el agravante de que parte de esos años (entre el 37 y el 43) sucedieron en la Francia ocupada por los nazis. 
No es necesario decir nada más.
La vida de Artaud supera a la ficción en todas sus etapas. Para terminar con el juicio de dios fue escrito por Artaud a petición de Fernand Pouey para ser transmitido por la radio francesa. 
Artaud, M. Casares, R. Blin y P. Thévenin lo grabaron el 28 de noviembre de 1947, pero la emisión, programada para el 2 de febrero de 1948 fue prohibida por el director de la radio, Wladimir Porché, escandalizado por la virulencia del texto. 
Fernand Pouey logró que se formara una especie de tribunal (integrado, entre otras personalidades, por Cocteau, Eluard, René Char, Paulhan, Barrault, Jouvet, René Clair, Callois, etc…) encargado de dar su parecer sobre el poema. El fallo fue totalmente favorable pero, no obstante, el director de la Radio mantuvo su veto. 
También hubo una audición privada en un cine abandonado de París, pero la radiofonía en sí no sería publicada como documento sonoro hasta 15 años más tarde.
Artaud moriría ese mismo año (1948) bastante decepcionado por todas estas circunstancias que se daban precisamente cuando por fín creía haberse liberado de 9 años de terror e incomprensión.

Las cartas agregadas posteriormente al ser publicado por editor, muestran cuál era la posición de Artaud en este asunto, además de ser una vía de expresión muy utilizada por él desde que el doctor Frediére, durante la segunda etapa en el Psiquiátrico se lo impusiera como “arte-terapia”.
La carta al sacerdote Laval , que había sido favorable a la emisión del poema diciendo: 
“Al fin he aquí el lenguaje verdadero de un hombre que sufre” es ejemplar por el rigor con que Artaud plantea el problema de fondo de una manera radical, sin concesiones, lo normal hubiera sido agradecerle al padre Laval su fallo favorable al poema. 

Otto Hahn comenta este texto así: “Es el fin de la cultura como perspectiva privilegiada. Artaud después de Rodez (hospital psiquiátrico) ya no cree en los sistemas, en las posiciones intelectuales, en las manifestaciones virtuales. Ya no cree en el teatro donde todas las relaciones están falseadas.
La «revuelta interior vendrá -le escribe a Breton-, pero no vendrá del teatro, pues por sincero que este sea, los escenarios con un público delante hacen del hombre más desinteresado un actorzuelo».
Él que quería suscitar trances decide vivirlos: “el teatro no es sino la vida, y la vida es un espectáculo sin explicación ni justificación” 
Lo que esos escritos poseen de singular se debe a la conmoción y a la superación brutal de los límites habituales, al cruel lirismo suprimiendo sus propios efectos, no tolerando aquello que le da la expresión más segura. Maurice Blanchot citó en 1946 esta frase de Artaud: «Comencé en la literatura escribiendo libros para decir que no podía escribir nada en absoluto.. Cuando tenía algo que escribir, mi pensamiento era lo que más se me negaba. Nunca tenía ideas y dos libros muy cortos, cada uno de sesenta páginas, ruedan por esta profunda, inveterada, endémica ausencia de toda idea. . .» para Artaud todo lenguaje verdadero es incomprensible y su lenguaje ha sido definido como verdadero e incomprensible, . 
Artaud lo hizo en vida, en carne y huesos, en sensibilidad, su revolución (¿cómo llamarla?) y lo dijo, las palabras lo usaron para salir, pobres, obscenas, deslumbrantes, hirientes, podridas, tripas de palabras, palabras que volvían al sonido y renacían del sonido, del bramido, del hipo agónico de ese puñado de carne rehaciéndose en otro cuerpo ante nuestros ojos de espectadores. 
Artaud dice que debemos dejar de ser espectadores y que para eso hay que arrancar el trozo podrido, el “yo”, y que toda su guerra individual es una guerra social, que adentro, en arterias, en tendones y glándulas, transcurren carnicerías tan grandes como las de afuera, y que en su nuevo estado no hay adentro ni afuera. Paule Thévenin, resistiéndose al enjuague que querían hacer con Artaud algunos personajes, dice con claridad: “La obra de Artaud trastorna. Trastorna porque destruye por su base todo un sistema de referencias, porque corroe la cultura específicamente occidental y se dedica a atacar el pensamiento y la sociedad pequeñoburguesa. Pensamiento que se defiende declarando insensatos, privados de sentido y por consiguiente incomprensibles, sus últimos textos. Sociedad que busca preservarse y mantenerse relegándolos al catálogo de las obras de alienados después de haber tenido la precaución de encerrarlo, a él, durante nueve años en asilos para poder así decirle loco cómodamente”. 

ArtaudAntonin-Paraterminarconeljuici (el libro en PDF)

Grabación original de Artaud, el texto fue pensado para leerse en la radio.

http://biblioteca.cefyl.net/node/18925 (enlace)

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