La novela argentina está hecha con todos esos restos…

–¿Hay, entonces, una narración argentina?

–Yo creo que sí, aunque no tenga nada que ver con los programas. Están los escritores que copian lo que se está haciendo en otra parte y aquellos que hacen con eso otra cosa, como Mansilla, como Sarmiento, como Macedonio, como Borges, como Arlt. La línea propia es una línea que trabaja con el género pero forzándolo, metiéndolo en un territorio donde está el desierto, donde están los gauchos. Allí está el Facundo, por ejemplo, que está hecho con todas las lecturas europeas pero no se parece a ningún libro europeo. Y Una excursión a los indios ranqueles, que no se parece en nada a ninguno de los libros que salían en ese momento. Amalia es contemporánea de Moby Dick y de La cabaña del Tío Tom. Y, además, está el caso sabido: los escritores argentinos no nos pasamos la vida leyendo literatura argentina, al contrario. ¿Y cómo entró toda esa lectura? Algo
sabemos: la novela argentina está hecha con todos esos restos.

Ricardo Piglia.

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